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Guante exfoliante: qué es, cómo utilizarlo y cómo elegir uno

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Un guante exfoliante puede llegar a convertirse en una herramienta útil e indispensable en la rutina de cuidado de la piel no solo facial, sino sobre todo corporal, gracias a que posee una textura áspera y rugosa capaz de exfoliar la piel cuando lo aplicamos -con suavidad- sobre la piel.

Es una opción recomendada para quienes no pueden utilizar otras opciones más intensas para exfoliar la piel, como sería el caso de los exfoliantes físicos o químicos, que en determinados tipos de piel (como la piel seca o deshidratada) tienden a originar reacciones adversas, sobre todo causando una mayor irritación, enrojecimiento e inflamación.

Guante exfoliante

¿Qué es un guante exfoliante?

Mientras que la exfoliación implica la aplicación de una serie de sustancias de textura granular con la finalidad de eliminar las células muertas que se han ido acumulando sobre la superficie de la piel, o bien mediante el uso de distintas herramientas (aplicadas de forma mecánica), el guante exfoliante es una opción ideal para utilizar en casa, no solo porque es una herramienta simple y sencilla de usar, sino porque suele ser más respetuoso con la piel.

De hecho, el proceso de exfoliación, independientemente del medio que usemos para ello, se caracteriza por ser bastante sencillo de aplicar. Y aunque existen distintas formas de hacerlo, muchos expertos aconsejan utilizar un guante exfoliante, dado que la ocnsideran como una de las opciones más seguras que existen.

Así, podemos definir en qué consiste un guante exfoliantr: consiste en un utensilio, con forma de guante, que posee una textura áspera útil para exfoliar la piel y eliminar las células cutáneas viejas adheridas a la epidermis, siempre y cuando sea frotado sobre la piel con la ayuda de movimientos circulares.

El proceso de cepillado debe llevarse a cabo de la forma más suave posible, sin apretar demasiado ni llevar a cabo el movimiento hacia arriba o hacia abajo, puesto que el riesgo de irritación tenderá a aumentar considerablemente.

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Cómo usar un guante exfoliante

El proceso a seguir a la hora de exfoliarnos la piel del cuerpo con la ayuda de un guante exfoliante se caracteriza sobre todo por ser muy simple y sencillo, por lo que cualquiera lo puede hacer en casa sin demasiadas complicaciones:

  1. Debemos empezar humedeciendo nuestra piel, ya sea en el baño o en la ducha, con la finalidad de humedecer las células de la piel y se ablanden, con lo que conseguiremos que el proceso de eliminación de las envejecidas y muertas sea mucho más efectivo. No obstante, recuerda que es esencial siempre usar agua tibia.
  2. Nos colocamos el guante exfoliante en la mano, y procedemos a mojar sus fibras en el agua tibia. Nos aplicamos una pequeña cantidad de un gel de baño humectante en la palma de la mano donde nos hemos colocado el guante.
  3. Con cuidado, y sin apretar demasiado, comenzamos a frotarnos el cuerpo con el guante exfoliante, siempre con suaves movimientos circulares, empezando desde los pies y avanzando hasta llegar a los hombros. Es conveniente frotar cada área de la piel en varias ocasiones.
  4. También es aconsejable incidir frotando un poco más en determinadas áreas de la piel que suelen tener una mayor predisposición a endurecerse, como podría ser el caso de los codos, las rodillas y los talones de los pies.
  5. Es igualmente recomendable aplicar una presión un poco más suave en áreas más delicadas, como el vientre o estómago, el cuello y la parte interior del muslo, puesto que son zonas bastante más sensibles.
  6. Para terminar, enjuagamos el guante con agua tibia y también hacemos lo mismo con nuestro cuerpo, una vez hayamos acabado con el proceso de exfoliación.

Cuando nos hayamos secado la piel ligeramente con la ayuda de una toalla suave (recuerda, siempre a modo de suaves palmaditas), es fundamental aplicarnos inmediatamente una crema hidratante intensiva o un aceite vegetal humectante, con la finalidad de retener la humedad al máximo.

Para conseguirlo, es de suma importancia aplicarlo dentro de los minutos siguientes después de haber acabado con la exfoliación con el guante. Y si tienes dudas acerca de qué aceite usar, no olvides que el aceite de coco, el aceite de oliva virgen extra o el aceite de almendras dulces se caracterizan por ser las mejores opciones.

Simplemente aplica sobre la piel mediante suaves masajes circulares, deteniéndote sobre todo en las áreas donde has frotado más concienzudamente tu guante exfoliante, y continúa masajeando hasta su completa absorción.

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Cómo limpiar un guante exfoliante

Como ocurre con los guantes exfoliantes, la limpieza, conservación y mantenimiento de el guante exfoliante es, cuando menos, fundamental, especialmente si tenemos en cuenta que el riesgo de formación de bacterias y moho es muchísimo mayor, en particular cuando la esponja tiende a encontrarse habitualmente húmeda.

Por ejemplo, es bastante habitual guardarla en el baño, cerca de la ducha, precisamente por la facilidad que supone tenerla cerca cada vez que nos vamos a bañar, con la finalidad de cogerla rápidamente y aplicárnosla sobre la piel con el objetivo de exfoliarla. Sin embargo, esto puede ser un grave error.

¿Sabes por qué? Principalmente porque el baño se caracteriza por ser un ambiente que se encuentra, por lo general, continuamente húmedo. Así, si la esponja se encuentra continuamente humedecida, y no se seca debidamente, el riesgo de contaminación bacteriana es bastante elevado.

Por tanto, no solo es importantísimo saber cómo deberíamos limpiarla después de cada uso, sino, sobre todo, cómo guardarla y dónde.

En lo que a la limpieza se refiere, un estudio publicado hace algunos años encontró que limpiar la esponja con una mezcla de agua diluida con lejía al 10 por ciento podía ayudar a reducir el riesgo de contaminación con bacterias y moho.

Para hacerlo, simplemente debemos sumergirla en esta mezcla durante 5 minutos. Después de limpiarla, enjuagarla bien con abundante agua fría, y secarla completamente antes de colocarla en un lugar más fresco y seco, con la intención de mantenerla correctamente colgada hasta su posterior uso.

Respecto al lugar donde originalmente deberíamos mantenerla conservada, recuerda que debe ser un área donde no se encuentre en un ambiente por lo general habitualmente húmedo.

Por otro lado, los expertos también recomiendan usar una toalla seca con la finalidad de escurrir bien la humedad, y secarla convenientemente. Luego, es imprescindible colocarla en un lugar fresco y seco preferiblemente fuera del baño.

Eso sí, a la hora de utilizar las esponjas exfoliantes de forma segura es fundamental reemplazarlas con cierta frecuencia. De la misma manera que, por ejemplo, ocurre con los guantes exfoliantes, es aconsejable desecharla cada 3 o 4 semanas, cambiándola por una nueva.

Pero esto no significa que debamos mantenerla si muestra alguna señal de deterioro y no hemos alcanzado esas 3 o 4 semanas recomendadas. Al contrario, siempre que observemos algún tipo de moho, mal olor o un olor en sí que recuerda a humedad persistente se convierten en signos evidentes de que deberíamos cambiarla de inmediato.

Por tanto, es esencial enjuagarlo bien con la finalidad de retirar todas las impurezas y las células muertas de la piel que se han podido quedar atrapadas en las diferentes microfibras de la esponja, siempre con agua tibia, y finalmente, estrujarla bien con la finalidad de retirar todo el exceso de agua.

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¿Existe algún riesgo a la hora de usar un guante exfoliante?

Aunque, por lo general, el uso regular de un guante exfoliante no suele acarrear ni causar ningún tipo de problema, debemos tener en cuenta que, algunos tipos, pueden ser demasiado abrasivas y ásperas para algunos tipos de piel, sobre todo para pieles más delicadas y sensibles.

Por lo que en caso de notar irritación, enrojecimiento o inflamación después de utilizar una esponja podría ser una señal de que somos sensibles tanto a la exfoliación como a la dermoabrasión, no siendo una opción muy aconsejada.

También debemos tener en cuenta que la sensación por lo general áspera, y algo quebradiza de las fibras presentes en la esponja, con el paso del tiempo, pueden ser demasiado abrasivas y dañar la piel, por lo que en caso de observar alguna señal de daño, aún cuando no haya ocurrido las primeras veces de uso, es fundamental evitar seguir usándolas.

En estos casos lo más adecuado es optar por alguna otra opción exfoliante todavía más suave con las pieles delicadas y sensibles, como podría ser el caso del conocido como cepillado en seco, o la esponja exfoliante (siempre y cuando presenten una textura no tan rígida, y sí sean más suaves).

Por tanto, siempre y cuando el guante exfoliante no nos cause ningún tipo de reacción adversa, es bastante recomendable usarlo y aplicarlo cada cierto tiempo, en especial si nuestra piel tiende a ser demasiado grasa o suele acumular muchas impurezas y puntos negros.

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